Se enamoraba día a día, de la lluvia, del sol, de las nubes y sus colores. Se enamoraba a cada segundo de las cosas buenas de la vida, como el campo, la amistad y la ternura. Era capaz de mirar más allá de lo que otros podían ver, por eso mismo vio en el lo que otras no podían; vio sinceridad, cariño y comprensión donde los demás solo veían dureza y egocentrismo, vio más allá de los ojos, le miraba con el corazón en la mano a cada momento, con delicadeza, por el miedo a cagarla y perderle de nuevo, le miraba como lo más bonito que le había pasado nunca, lo miraba... Con ojos de enamorada.
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